COCA

Los valores altamente nutritivos de la Coca, la convierten en uno de los alimentos más valiosos y completos. Cien gramos de hoja de Coca al día satisfacen la ración básica diaria alimentaria que necesita un humano.

 

La farmacología moderna ocupa los derivados de la hoja de Coca en anestésicos. Últimamente se le está dando la importancia en el campo alimentario.

 

Es notorio el valor de la Coca como tónico cardiaco y regenerador de huesos y dentadura. Mejora la digestión, la actividad circulatoria y los estados diarreicos. Es un poderoso adelgazante natural y sirve para combatir el estrés. El siguiente cuadro,  obra de la organización colombiana Mamacoca, nos da más información acerca de los componentes de la Coca.

 

Cada 100 grs. de hoja de Coca Contiene:

Nitrógeno total 20,06 mg.

Alcaloides totales no volátiles 0,70 mg.

Grasa 3.68 mg.

Carbohidratos 47,50 mg.

Alfa caroteno 9,40 mg.

Vitamina C 6,47 mg.

Vitamina E 40.17 mg.

Tiamina (vitamina B1) 0,73 mg.

Riboflavina (vitamina B2) 0.88 mg.

Niacina 8.37 mg.

Calcio 997.62 mg.

Fosfato 412.67 mg.

Potasio 1.739,33 mg.

Magnesio 299,30 mg.

Sodio 39,41 mg.

Aluminio 17,39 mg.

Bario 6,18 mg.

Hierro 136.64 mg.

Estroncio 12.02 mg.

Boro 6.75 mg.

Cobre 1.22 mg.

Zinc 2.21 mg.

Manganeso 9.15 mg.

Cromo 0.12 mg.

 

El té o mate de Coca puede ser un poderoso aliado para nuestra salud tomándolo después de las comidas. Mediante este podemos acceder a los beneficios alimenticios y medicinales de la Coca, aunque cabe decir que los resultados son mucho más contundentes cuando se toma la Coca, en su forma tradicional o coqueo.

 

En el coqueo, que es una actividad ritual ancestral, suele iniciarse por medio de uno o varios individuos que ya conocen la práctica. El que inicia el ritual también inicia y coordina la conversación, que tomara diferentes rumbos e interlocutores a lo largo de la ceremonia. La práctica es fácil, se ofrenda la Coca a nuestro mundo espiritual (Dios, naturaleza, antepasados, etc.) y se comienza a mascar la Coca pausadamente, acompañada de su mezcla. A veces se pude acompañar de cigarros de Tabaco puro para dar más fuerza.

 

Con la hermana paula puede entender un poco más esa profundidad que tiene la hoja de Coca en el ámbito espiritual. En el tiempo que la conocí, era una Mamacha de medio siglo de edad, nativa, quechua de origen, que vivía en las afueras de la ciudad del Cusco. Se dedicaba profesionalmente a la videncia con las hojas de Coca y los naipes españoles. Yo siempre la visitaba, ya que era muy alegre y me gustaba coquear en su compañía. En una de las veladas de coqueo me acompaño un compadre, que tenía un editora en Madrid y estaba redactando un libro acerca de la Coca. Yo le hable de la hermana de Paula y organizamos la visita.

 

Serían las seis de la tarde cuando tocamos la puerta de su casita de la que salían canciones de música andina. Nos recibió un hombre de unos treinta y cinco años. Más tarde supimos que era su hijo que estaba de paso por la ciudad. Nos hizo señal de pasar al interior. Su consultoría era pequeño y estaba ensombrecido por el humo de los tres, madre, hijo y nuera, que conversaban en silencio compartiendo unas cervezas cusqueñas. La señora Paula orgullosamente nos presentó a su hijo que venía después de muchos mese a visitar a su mamá desde una lejana comunidad, en las faldas del cerro Ausangate, donde desempeñaba su oficio de profesor. Él rápidamente, emocionado por la visita y la cerveza, nos contó de sus labores en el cerro Ausangate, no solo como profesor sino también como curandero, heredero del poder de su madre y gran conocedor de la hoja de Coca. También nos habló de los Apus, sus verdaderos maestros, cerros inmensos que se levantaban por encima de los seis mil metros de altitud sobre el nivel del mar, y que le ayudaban a curar en sus veladas.

 

Inspirado por las varias cervezas que tomaba, el profesor nos anunció que era curandero igual que su mamá, y encarnaba la fuerza espiritual de un cerro muy poderoso de los alrededores. Después, nos narró algunas interesantes historias en voz baja. Cuando acabo, con cierto tono interesante, comenzó a bombardear con preguntas mi compadre, sobre su origen, su profesión, capacidades psicoespirituales, etc. En resume, quería saber qué cosa pintaba en el mundo “chamanismo andino”. Este, con agudeza de gavilán, esquivaba las preguntas hasta que llegó a marearlo más que la misma cerveza y ceso en sus intentos. Parece que se le paso la borrachera por un momento.

 

Mi compadre, por fin, ya caliente de la conversación, del increpo quejándose del por qué de hacerle tantas preguntas. Si ellos eran maestros y místicos deberían saber toda sobre él. Hubo un silencio, el profesor se retiró a su silla y su madre prendió un cigarrillo fino. La señora Paula, como si no hubiera escuchado nada en toda la noche, con autoridad dijo que era hora de cambia mi nombre, y que la reunión cumplía con todos los requerimientos. Los rostros de los presentes cambiaron por un momento. Me pidió que le soplara con mi cigarro ya que yo debía primero “curarla” a ella. Tras soplarle el humor de Tabaco llamó a su hijo le dijo que me bautizara con mi nuevo nombre. Inmediatamente le hizo escoger a mi compadre un puñado de hojas de Coca. Él sacó un puñado de hojas en la mano, apretadas, como si se tratara de una librito.

 

Doña Paula empezó a relatarle su vida y obras, retándole en conocimiento y sermoneándole, ya que su saber venia de los libros mientras que el de ella venia directamente de la mente del Apu a la suya. Acabó diciendo que a pesar de ser analfabeta era l curandera más busca del Cusco e iba muy bien en todo, menos en el amor. Finalizo, pidiendo consejo a mi compadre sobre un posible amorío. Esto él no pudo aguantar y rompió en risas y bromas con su nueva camarada.

 

El bautismo y la lectura de Coca acabaron con un brindis que dejo sin cerveza la reunión y en el que el profesor siguió con su charla mística, tocada de chistes sobre mujeres y el amor. Cuando nos despedimos de ellos, yo regrese hacia mi casa dudando un poco de la trascendencia de los hechos ocurridos. El uso de la bebida alcohólica, en este caso cerveza, era una cosa nueva para mí en  el contexto espiritual. Salí de dudad a los nueve días, cuando se comenzó a manifestar la profecía de la señora Paula sobre la Coca y empecé a sentir la iniciación con el Apu a través de esta planta sagrada. Prácticamente, este Apu me abrió la apertura y la visión con la Coca.

 

La Coca, al igual que la Ayahuasca y muchas plantas comestibles, no crece en estado salvaje. Además, necesita muchísimas atenciones y trabajo para que crezca o de lo contrario, muere. Si no se encuentran en estado natural, la pregunta que pocos se hacen es… ¿de dónde vinieron estas plantas? Si hubieran sufrido un proceso de domesticación como dicen algunos, sus parientes salvajes se encontrarían todavía en los bosques. Esto nos da a pensar sobre el origen foráneo de la Coca. También del Tabaco, la Ayahuasca, la Yuca, etc. Los incas tuvieron una gran relación comercial con los Antis, como ellos llamaban a los grupos selváticos de las selvas altas de Cusco y Madre de Dios (Machiguengas y Haramkbut principalmente). Por intercambio, los Machiguengas daban la hoja a los Incas a cambio de herramientas y estos, a su vez, la extendían por el resto del imperio. Podemos conjeturar que la Coca tuvo un origen en estas selvas altas y que los Antis fueron sus primeros productores.

 

De esto, el pueblo Machiguenga tiene memoria oral y, más aun, tiene mitos y cantos sobre “el tiempo en que no había Coca”. Estos relatan las penurias y sufrimiento del pueblo machiguenga cuando no tenían con que aplacar el hambre en sus largos viajes por las selvas montañosas.

 

Unas visiones muy esclarecedoras sobre este tema la tuve en el valle de Kosñipata, a ocho horas del Cusco. Después de masticar Coca estuve inmerso en mis cavilaciones cerca de una bonita quebrada. Como respuesta a mis meditaciones, tuve una visión antes de dormirme. Había masticado Coca por cuatro horas aproximadamente. Las visiones, para que sean claras, necesitan de un canal limpio y una gran concentración. En todo esto ayudan las plantas y que mejor apoyo que la hoja sagrada de los Incas.

 

Era un valle encerrado entre dos montañas gemelas, cubierto de espesura selvática. Yo me encontraba sentado en el centro por donde debía transitar un pequeño rio o quebrada. En medio del cielo más grande de su tamaños normal, se encontraba el sol tal y como lo dibujan los niños, con su boca, nariz y ojos. Sonriendo en un principio, de un momento a otro comenzó a llorar. Sus lágrimas caían por sus mejillas hasta la Tierra, en el valle donde me encontraba. Cuando estas lágrimas hacían contacto con la tierra se transformaban en hojas de Coca. El simbolismo de esta visión es muy claro y nos da a entender por qué le asignaron a la Coca su papel de sacerdotisa del Sol.

 

Los nativos Huitotos del río Putumayo toman la hoja de Coca reducida a un fino polvo y a este le añaden las cenizas del árbol cético. El resultado es una especie de harina de color verde oscuro. Para usarla la meten en cucharadas en su boca y la mezcla con Ampiri, una mezcla de Tabaco y una sal especial. Esta forma de coquear, también usada por el pueblo Bora, trasforma el efecto de la Coca en un Sentido no sólo visionario sino también medicinal y purgante. De esto se encarga el Ampiri. Este Ampiri es jugo de Tabaco reducido mezclado con una sal que procede de una palmera llamada Inayuga. El resultado es un jarabe espeso que se mezcla con la Coca. Así, tenemos tres elementos que trabajan en una sola ceremonia de coqueo: la Coca como medicina tónico-visionaria, el Tabaco como purgante y protector energético, y la Inaguya, llave para abrir la conciencia y limpiar la mente.

 

El contexto en el que se tomaban estas plantas era en reuniones, generalmente entre varones, en las que los más ancianos o autorizados abrían una velada durante a que se compartían historia antiguas didácticas acerca de diferentes temas. Estos podían ir desde las actividades cotidianas hasta consejos sobre la forma tradicional de vivir, pasando por historias de jefes o chamanes míticos. Los individuos jóvenes o de menor conocimiento se sentaban un poco más alejados de los que abrían el ritual y participaban cuando ya estaba avanzada la conversación o relato, pidiendo la palabra para expresas su opinión o cuestionar determinado pasaje. La reunión podía extenderse hasta el amanecer. El dueño de la maloca o cocamera (casa nativa) se ocupaba de que no faltase la Coca y el Ampiri para todos los comensales. También se ocupaba de cerrar la ceremonia en el momento adecuado y de despedir a sus comensales. Al final podrían entrar canticos alusivos a la naturaleza o algún evento histórico-cósmico. Con la mente más lucida regresaban cada uno de ellos a sus casas para descansar o emprender nuevamente sus vidas.

 

Esta forma de usar la Coca todavía es común en algunas etnias de Perú, con variaciones según sus tradiciones y ligeros cambios por la aculturación occidental. Mis experiencias tras estas veladas tanto en Madre de Dios como en la selva nororiental son básicamente las mismas: se acrecentó la actividad onírica se abrió la conciencia a cuestiones que antes me eran difíciles de entender o entendía en otro nivel de comprensión. Fisiológicamente, el Tabaco inhibí la función hepática y la Coca tranquiliza la actividad gástrica, lo que produce un ahorro considerable de energía que es usada por los centros intelectuales. La profundidad de la acción de la planta varía definitivamente según sean las condiciones del iniciador o iniciado.

 

Cuestiones tan básicas como quienes somos, a donde vamos a de dónde venimos son tratadas en las ceremonias de coqueo y las respuestas a talles preguntas toman una significación muy diferente de las que propone nuestra mente occidental. Rescatar su uso ritual entre los antiguos sudamericanos es una tarea ardua, pero que mejor país que Perú, generador de tantas tradiciones vegetalistas, para encontrar un hilo de tradición que nos permita valorar esta planta maestra.

 

En la ofrenda a la Pacha Mama encontramos un legado de la Coca en las ofrendas con Kintus, los despachos y los picjchos. Los kintus son grupos de tres hojas principalmente con los que, antes de masticar la hoja, se ofrenda a todo el mundo espiritual que nos rodea. Los despachos o pagos son ofrendas a la Tierra o a los elementos en los que la Coca es el ingrediente básico, acompañada de flores , dulces, semillas y todo elemento relacionada con la intención de la ofrenda. Los picjchos o coqueos son las reuniones para masticar Coca y debatir determinadas cuestiones de la vida diría o espiritual. Estas formas son comunes de uso en la sierra peruana pero tiene cierto eco, con algunas variantes, en algunas tradiciones de la costa y la selva.

 

La ofrenda a la Tierra o despacho es un ritual que los naturales del Perú realizan para contactarse o agradecer a los espíritus. En la realidad esto se hace en honor a cualquier espíritu de la naturaleza buscando su favor. Puede ser para conseguir una curación, el beneficio de la tierra con las cosechas o simplemente atraer las estimadas lluvias.

 

En la sierra andina el despacho, ofrenda o pago, es la forma más conocida en la que la coca pasa a formar el ingrediente principal el rito. El objetivo más buscado en estos tiempos es el beneficio material, pidiendo a la Santa Madre tierra el sustento para el próximo año. El mes elegido suele ser agosto cuando la tierra está más receptiva a este tipo de trabajos. Junto a las hojas de Coca, reunidas en kintus entra formar parte de la ofrenda, semillas ( de todo tipo de vegetales y frutos comestibles), dulces, monedas de sol o dólar, casitas de juguete, coches e innumerables sin fin de objetos representativos que varían según las aspiraciones del solicitante. Todo esto es preparado por un pako, Altomisayoc o Chmán andino que lo ofrenda con rezos y cantos.

 

Después generalmente la ofrenda es quemada y enterrada en un hueco hecho anteriormente para ese fin.

Similares operaciones se realizan para obtener el favor de los Apus o del espíritu del agua, variando la ofrenda agrupando los kintus en diferentes formas. Durante estas ofrendas todos los participantes mastican Coca, acompañada de chicha (fermento de maíz) o cerveza, a veces también entran las gaseosas y vino dulce.

 

El estudio de los Apus como espíritus tutelares de la tierra es indispensable para el chamanismo, y en especial está ligado totalmente a la hoja de Coca. Cualquier tradición chamánica está inmersa en contexto de tierra que le da la base, esta base en el Perú se designa con el nombre de Pacha, que es la tierra en su más amplio significado. Este contexto es el que yo elegí para participar de las tradiciones chamánicas de esta tierra. En cualquier otro lugar de planeta varia el contexto y la tradición pero las leyes de comportamiento en lo referente a lo espiritual son las mismas, ya que los observadores son los mismos, en este caso los humanos y el espíritu de la tierra es el mismo.

 

Los espiritus de las montañas o Apus son los responsables de los climas, en si son los que hacen llover al condenarse las nubes en sus cumbres. En el Perú, esto es muy evidente, ya que tenemos una costa seca desértica al lado oeste y una selva húmeda al este. Simplemente los cerros andinos no dejan pasar la humedad de un lado al otro. Esto se reitera en el resto del mundo con diferentes connotaciones. Si son dueños del agua y la humedad también lo son de la vida, por eso en las tradiciones chamánicas del Perú se les rinde tanto respeto pude entender más hacer de las montañas y profundizar en una de las tradiciones que me fue entregada, la Harakmbut. Esta tradición cuenta con el Apu Q´añajhuai como su padre y origen. Durante una ceremonia de Ayahuasca con Coca apareció en mis visiones este Apu acompañado de otro dos. Este más cerca de mí en la visión me comenzó a narrar la historia del pueblo Harakmbut, como él les habría criado desde que eran jóvenes y las peripecias de esta etnia hasta el presente. Todo me lo hizo heredero de una gran tradición de consecuencias históricas. En pocas palabras me hizo Harakbut.

 

Así viví como un indio Harakmbut en Madre de Dios, mi nuevo padre me dio la seguridad de una tradición, de una raíz. Así pues crecí durante años creyéndome indio, siendo indio, comiendo como indio, curando como indio y amando como indio. Esto me creo una estabilidad del momento que vivía, pero a la larga me origino problemas. Me limitó a una tierra que puso sobre la carga de una tradición, con todos sus pros y contras. Yo al fin y al cabo lo había elegido.

 

Después de unos años, al cambiar de residencia a la selva norte, tuve una sesión de Ayahuasca y Coca en la que cao en la cuenta de la dimensión del asunto. Estaba limitado por un dios sin reconocer que Dios es todo, y eso es nuestro verdadero padre… e hijo.

 

Fuente: https://www.mysticlandsperu.com